
De Extracción
de la piedra de la locura (1968)
En la Edad Media se difundió
la creencia de que la locura era resultado de excrecencias cerebrales,
a menudo imaginadas como protuberancias o tumores en la frente. La intervención
quirúrgica para eliminar esta "piedra de locura" de la
cabeza de una persona considerada demente, es el tema de varias pinturas
flamencas del siglo XVI, incluso de obras del Bosco, Jan Sanders van Hemesen
y Brueghel. La piedra de locura también fue el tema de uno de los
versos "rederifker", "La piedra oculta bajo el chichón
expuesto".
CANTORA NOCTURNA
...............................................................................................................................Joe,
macht die Musik von damals nacht...
La que murió de su vestido
azul está cantando. Canta imbuida de muerte al sol de su ebriedad.
Adentro de su canción hay un vestido azul, hay un caballo blanco,
hay un corazón verde tatuado con los ecos de los latidos de su corazón
muerto. Expuesta a todas las perdiciones, ella canta junto a una niña
extraviada que es ella: su amuleto de la buena suerte. Y a pesar de la
niebla verde en los labios y del frío gris en los ojos, su voz corroe
la distancia que se abre entre la sed y la mano que busca el vaso. Ella
canta.
a Olga Orozco
VÉRTIGOS O CONTEMPLACIÓN
DE ALGO QUE TERMINA
Esta lila se deshoja.
desde sí misma cae
y oculta su antigua sombra.
He de morir de cosas así
FRAGMENTOS PARA DOMINAR EL SILENCIO
I
Las fuerzas del lenguaje son
las damas solitarias, desoladas, que cantan a través de mi voz que
escucho a lo lejos. Y lejos, en la negra arena, yace una niña densa
de música ancestral.
¿Dónde la verdadera muerte? He querido iluminarme a la luz
de mi falta de luz. Los ramos se mueren en la memoria. La yacente anida
en mí con su máscara de loba. La que no pudo más e
imploró llamas y ardimos.
II
Cuando a la casa del lenguaje
se le vuela el tejado y las palabras no guarecen, yo hablo.
dLas damas de
rojo se extraviaron dentro de sus máscaras aunque regresarán
para sollozar entre flores
dNo es muda la
muerte. Escucho el canto de los enlutados sellar las hendiduras del silencio.
Escucho tu dulcísimo llanto florecer mi silencio gris.
III
La muerte ha restituido al silencio
su prestigio hechizante. Y yo no diré mi poema y yo he de decirlo.
Aun si el poema (aquí, ahora) no tiene sentido, no tiene destino.
SORTILEGIOS
Y las damas vestidas de rojo
para mi dolor y con mi dolor insumidas en mi soplo, agazapadas como fetos
de escorpiones en el lado más interno de mi nuca, las madres de
rojo que me aspiran el único calor que me doy con mi corazón
que apenas pudo nunca latir, a mí que siempre tuve que aprender
sola cómo se hace para beber y comer y respirar y a mí que
nadie me enseño a llorar y nadie me enseñara ni siquiera
las grandes damas adheridas a la entretela de mi respiración con
babas rojizas y velos flotantes de sangre, mi sangre, la mía sola,
la que yo me procuré y ahora vienen a beber de mí luego de
haber matado al rey que flota en el río y mueve los ojos y sonríe
pero está muerto y cuando alguien está muerto, muerto está
por más que sonría y las grandes, las trágicas damas
de rojo han matado al que se va río abajo y yo me quedo como rehén
en perpetua posesión.
UN SUEÑO DONDE EL SILENCIO
ES DE ORO
El perro del invierno dentella
mi sonrisa. Fue en el puente. Yo estaba desnuda y llevaba un sombrero con
flores y arrastraba mi cadáver también desnudo y con un sombrero
de hojas secas.
dHe tenido mucho
amores -dije- pero el más hermoso fue mi amor por los espejos.
ESTAR
Vigilas desde este cuarto
donde la sombra temible es la tuya.
No hay silencio aquí
sino frases que evitas oír.
Signos en los muros
narran la bella lejanía.
(Haz que no muera
sin volver a verte.)
COMO AGUA SOBRE UNA PIEDRA
a quien retorna en busca de
su antigua buscar
la noche se le cierra como agua sobre una piedra
como aire sobre un pájaro
como se cierran dos cuerpos al amarse
EXTRACCIÓN DE LA PIEDRA
DE LOCURA
Elles, les
ˆames (...), sont malades
et elles souffrent
et nul ne leur
porte remède;
elles sont blessées
et brisés
et nul ne les panse.
Ruysbroeck
La luz mala se ha avecinado
y nada es cierto. Y si pienso en todo lo que leí acerca del espíritu...Cerré
los ojos, vi cuerpos luminosos que giraban en la niebla, en el lugar de
las ambiguas vecindades. No temas, nada te sobrevendrá, ya no hay
violadores de tumbas. El silencio, el silencio siempre, las monedas de
oro del sueño.
..Hablo como
en mí se habla. No mi voz obstinada en parecer una voz humana sino
la otra que atestigua que no he cesado de morar en el bosuqe.
..Si vieras a
la que sin ti duerme en un jardín en ruinas en la memoria. Allí
yo, ebria de mil muertes, hablo de mí conmigo sólo por saber
si es verdad que estoy debajo de la hierba. No sé los nombres. ¿A
quién le dirás que no sabes? Te deseas otra. La otra que
eres se desea otra. ¿Qué pasa en la verde alameda? Pasa que
no es verde y ni siquiera hay una alameda. Y ahora juegas a ser esclava
para ocultar tu corona ¿otorgada por quién?, ¿quién
te a ungido?, ¿quién te ha consagrado? El invisible pueblo
de la memoria más vieja. Perdida por propio designio, has renunciado
a tu reino por las cenizas. Quien te hace doler te recuerda antiguos homenajes.
No obstante, lloras funestamente y evocas tu locura y hasta quisieras extraerla
de ti como si fuese una piedra, a ella, tu solo privilegio. En un muro
blanco dibujas las alegorías del reposo, y es siempre una reina
loca que yace bajo la luna sobre la triste hierba del viejo jardín.
Pero no hables de los jardines, no hables de la luna, no hables de la rosa,
no hables del mar. Habla de lo que sabes. Habla de lo que vibra en tu médula
y hace luces y sombras en tu mirada, habla del dolor incesante de tus huesos,
habla del vértigo, habla de tu respiración, de tu desolación,
de tu traición. Es tan oscuro, tan en silencio el proceso a que
me obligo. Oh habla del silencio.
dDe repente poseída
por un funesto presentimiento de un viento negro que impide respirar, busqué
el recuerdo de alguna alegría que me sirviera de escudo, o de arma
de defensa, o aun de ataque. Parecía el Eclesiastés: busqué
en todas mis memorias y nada, nada debajo de la aurora de dedos negros.
Mi oficio (también en el sueño lo ejerzo) es conjurar y exorcizar.
¿A qué hora empezó la desgracia? No quiero saber.
No quiero más que un silencio para mí y las que fui, un silencio
como la pequeña choza que encuentran en el bosque los niños
perdidos. Y qué sé yo qué ha de ser mí si nada
rima con nada.
dTe despeñas.
Es el sinfin desesperante, igual y no obstante contrario a la noche de
los cuerpos donde apenas un manantial cesa aparece otro que reanuda el
fin de las aguas.
dSin el perdón
de las aguas no puedo vivir. Sin el mármol final del cielo no puedo
morir.
dEn ti es de
noche. Pronto asistirás al animoso encabritarse del animal que eres.
Corazón de la noche, habla.
dHaberse muerto
en quien se era y en quien se amaba, haberse y no haberse dado vuelta como
un cielo tormentoso y celeste al mismo tiempo.
..Hubiese querido
más que esto y a la vez nada.
..Va
y viene diciéndose solo en solitario vaivén.
Un perderse gota a gota el sentido de los días. Señuelos
de conceptos. Trampas de vocales. La razón me muestra la salida
del escenario donde levantaron una iglesia bajo la lluvia: la mujer-loba
deposita a su vástago en el umbral y huye. Hay una luz tristísima
de cirios acechados por un soplo maligno. Llora la niña loba. Ningún
dormido la oye. Todas las pestes y las plagas para los que duermen en paz.
dEsta voz ávida
venida de antiguos plañidos. Ingenuamente existes, te disfrazas
de pequeña asesina, te das miedo frente al espejo. Hundirme en la
tierra y que la tierra se cierre sobre mí. Éxtasis innoble.
Tú sabes que te han humillado hasta cuando te mostraban el sol.
Tú sabes que nunca sabrás defenderte, que sólo deseas
presentarles el trofeo, quiero decir tu cadáver, y que se lo coman
y se lo beban.
dLas moradas
del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría
inadjetivable del cuerpo.
dSi de pronto
una pintura se anima y el niño florentino que miras ardientemente
extiende una mano y te invita a permanecer a su lado en la terrible dicha
de ser un objeto a mirar y admirar. No (dije), para ser dos hay que ser
distintos. Yo estoy fuera del marco pero el modo de ofenderse es el mismo.
dBriznas, muñecos
sin cabeza, yo me llamo, yo me llamo toda la noche. Y en mi sueño
un carromato de circo lleno de corsarios muertos en sus ataúdes.
Un momento antes, con bellísimos atavíos y parches negros
en el ojo, los capitanes saltaban de un bergantín a otro como olas,
hermosos como soles.
dDe manera que
soñé capitanes y ataúdes de colores deliciosos y ahora
que tengo miedo a causa de todas las cosas que guardo, no un cofre de piratas,
no un tesoro bien enterrado, sino cuantas cosas en movimiento, cuantas
pequeñas figuras azules y doradas gesticulan y danzan (pero decir
no dicen), y luego está el espacio negro -déjate caer, déjate
caer-, umbral de la más alta inocencia o tal vez tan sólo
de la locura. Comprendo mi miedo a una rebelión de las pequeñas
figuras azules y doradas. Alma partida, alma compartida, he vagado y errado
tanto para fundar uniones con el niño pintado en tanto que objeto
a contemplar, y no obstante, luego de analizar los colores y las formas,
me encontré haciendo el amor con un muchacho viviente en el mismo
momento que el del cuadro se desnudaba y me poseía detrás
de mis párpados cerrados.
ymdSonríe
y yo soy una minúscula marioneta rosa con un paraguas celeste yo
entro por su sonrisa yo hago mi casita en su lengua yo habito en la palma
de su mano cierra sus dedos un polvo dorado un poco de sangre adiós
oh adiós.
raComo una voz
no lejos de la noche arde el fuego más exacto. Sin piel ni huesos
andan los animales por el bosque hecho cenizas. Una vez el canto de un
solo pájaro te había aproximado al calor más agudo.
Mares y diademas, mares y serpientes. Por favor, mira cómo la pequeña
calavera de perro suspendida del cielo raso pintado de azul se balancea
con hojas secas que tiemblan en torno a ella. Grietas y agujeros en mi
persona escapada de un incendio. Escribir es buscar en el tumulto de los
quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna. Miserable
mixtura. Yo restauro, yo reconstruyo, yo ando así de rodeada de
muerte. Y es sin gracia, sin aureola, sin tregua. Y esa voz, esa elegía
a una causa primera: un grito, un soplo, un respirar entre dioses. Yo relato
mi víspera. ¿Y qué puedes tú? sales de tu guarida
y no entiendes. Vuelves a ella y ya no importa entender o no. Vuelves a
salir y no entiendes. No hay por donde respirar y tú hablas del
soplo de los dioses.
reNo me hables
del sol porque me moriría. Llévame como a una princesita
ciega, como cuando lenta y cuidadosamente se hace el otoño en un
jardín.
jaVendrás
a mí con tu voz apenas coloreada por un acento que me hará
evocar una puerta abierta, con la sombra de un pájaro de bello nombre,
con lo que esa sombra deja en la memoria, con lo que permanece cuando avientan
las cenizas de una joven muerta, con los trazos que duran en la hoja después
de haber borrado un dibujo que representaba una casa, un árbol,
el sol y un animal.
anSi no vino
es porque no vino. Es como hacer el otoño. Nada esperabas de su
venida. Todo lo esperabas. Vida de tu sombra ¿qué quieres?
Un transcurrir de fiesta delirante, un lenguaje sin límites, un
naufragio en tus propias aguas, oh avara.
avCada hora,
cada día, yo quisiera no tener que hablar. Figuras de cera los otros
y sobre todo yo, que soy más otra que ellos. Nada pretendo en este
poema si no es desanudar mi garganta.
esRápido,
tu voz más oculta. Se transmuta, te transmite. Tanto que hacer y
yo me deshago. Te excomulgan de ti. Sufro, luego no sé. En el sueño
el rey moría de amor por mí. Aquí, pequeña
mendiga, te inmunizan. ( Y aún tienes cara de niña; varios
años más y no le caerás en gracia ni a los perros.)
esaaami
cuerpo se abría al conocimiento de mi estar
esaaay de mi
ser confusos y difusos
esaaami cuerpo
vibraba y respiraba
esaaasegún
un canto ahora olvidado
esaaayo no era
aún la fugitiva de la música
esaaayo no sabía
el lugar del tiempo
esaaay el tiempo
del lugar
esaaaen el amor
yo me abría
esaaay ritmaba
los viejos gestos de la amante
esaaaheredera
de la visión
esaaade un jardín
prohibido
esLa
que soñó, la que fue soñada. Paisajes prodigiosos
para la infancia más fiel. A falta de eso -que no es mucho-, la
voz que injuria tiene razón.
esLa tenebrosa
luminosidad de los sueños ahogados. Agua dolorosa.
esEl sueño
demasiado tarde, los caballos blancos demasiado tarde, el haberme ido con
una melodía demasiado tarde. La melodía pulsaba mi corazón
y yo lloré la pérdida de mi único bien, alguien me
vio llorando en el sueño y yo expliqué (dentro de lo posible),
palabras buenas y seguras (dentro de lo posible). Me adueñé
de mi persona, la arranqué del hermoso delirio, la anonadé
a fin de serenar el terror que alguien tenía a que me muriera en
su casa.
es¿Y yo?
¿A cuántos he salvado yo?
esEl haberme
prosternado ante el sufrimiento de los demás, el haberme acallado
en honor de los demás.
eRetrocedía
mi roja violencia elemental. El sexo a flor de corazón, la vía
del éxtasis entre las piernas. Mi violencia de vientos rojos y de
vientos negros. Las verdaderas fiestas tienen lugar en el cuerpo y en los
sueños.
esPuertas del
corazón, pero apaleado, veo un templo, tiemblo, ¿que pasa?
No pasa. Yo presentía una escritura total. El animal palpitaba en
mis brazos con rumores de órganos vivos, calor, corazón,
respiración, todo musical y silencioso al mismo tiempo. ¿Qué
significa traducirse en palabras? Y los proyectos de perfección
a largo plazo; medir cada día la probable elevación de mi
espíritu, la desaparición de mis faltas gramaticales. Mi
sueño es un sueño sin alternativas y quiero morir al pie
de la letra del lugar común que asegura que morir es soñar.
La luz, el vino prohibido, los vértigos, ¿para quién
escribes? Ruinas de un templo olvidado. Si celebrar fuera posible.
esVisión
enlutada, desgarrada, de un jardín con estatuas rotas. Al filo de
la madrugada los huesos te dolían. Tú te desgarras. Te los
prevengo y te lo previne. Tú te desarmas. Te lo digo, te lo dije.
Tú te desnudas. Te desposees. Te desunes. Te lo predije. De pronto
se deshizo: ningún nacimiento. Te llevas, te sobrellevas. Solamente
tú sabes de este ritmo quebrantado. Ahora tus despojos, recogerlos
uno a uno, gran hastío, en dónde dejarlos. De haberla tenido
cerca, hubiese vendido mi alma a cambio de invisibilizarme. Ebria de mí,
de la música, de los poemas, por qué no dije del agujero
de ausencia. En un himno harapiento rodaba el llanto por mi cara. ¿Y
por qué no dicen algo? ¿Y para qué este gran silencio?
NOCHE COMPARTIDA EN EL RECUERDO
DE UNA HUIDA
Golpes en la tumba. Al filo
de las palabras golpes en la tumba. Quén vive, dije. Yo dije quién
vive. Y hasta cuándo esta intromisión de lo externo de lo
interno, o de lo menos interno de lo interno, que se va tejiendo como un
manto de arpillera sobre mi pobreza indecible. No fue el sueño,
no fue la vigilia, no fue el crimen, no fue el nacimiento: solamente el
golpear como un pesado cuchillo sobre la tumba de mi amigo. Y lo absurdo
de mi costado derecho, lo absurdo de un sauce inclinado hacia la derecha
sobre un río, mi brazo derecho, mi hombro derecho, mi oreja derecha,
mi desposesión. Desviarme hacia mi muchacha izquierda -manchas azules
en mi palma izquierda, misteriosas manchas azules-, mi zona de silencio
virgen, mi lugar de reposo en donde me estoy esperando. No aún es
demasiado desconocida, aún no sé reconocer estos sonidos
nuevos que están iniciando un canto de queja diferente del mío
que es un canto de quemada, que es un canto de niña perdida en una
silenciosa ciudad en ruinas.
e¿Y cuántos
centenares de años hace que estoy muerta y te amo?
eEscucho mis
voces, los coros de los muertos. Atrapada entre las rocas: emportrada en
la hendidura de una roca. No soy yo la hablante: es el viento que me hace
aletear para que yo crea que estos cánticos del azar que se formulan
por obra del movimiento son palabras venidas de mí.
erY esto fue
cuando empecé a morirme, cuando golpearon en los cimientos y me
recordé. erSuenan
las trompetas de la muerte. el cortejo de muñecas de corazones de
espejo con mis ojos azul-verdes reflejados en cada uno de los corazones
.
Imitas viejos gestos heredados. Las damas de antaño cantaban entre
muros leprosos, escuchaban trompetas de la muerte, miraban desfilar -ellas,
las imaginadas- un cortejo imaginario de muñecas con corazones de
espejo y en cada corazón mis ojos de pájara de papel dorado
embestida por el viento. La imaginada pajarita cree cantar; en verdad sólo
murmura como un sauce inclinado sobre el río.
erMuñequita
de papel, yo la recorté en papel celeste, verde, rojo, y se quedó
en el suelo, en el máximo de la carencia de relieves y de dimensiones.
En medio del camino te incrustaron, figurita errante, estás en el
medio del camino y nadie te distingue pues no te diferencias del suelo
aun si a veces gritas, pero hay tantas cosas que gritan en un camino ¿por
qué irían a ver qué significa esa mancha verde, celeste,
roja?
eSi fuertemente,
a sangre y fuego, se graban mis imágenes, sin sonidos, sin colores,
ni siquiera lo blanco. Si se intensifica el rastro de los animales nocturnos
en las inscripciones de mis huesos. Si me afinco en el lugar del recuerdo
como una criatura se atiene a la saliente de una montaña y al más
pequeño movimiento hecho de olvido cae -hablo de lo irremediable,
pido lo irremediable-, el cuerpo desatado y los huesos desparramados en
el silencio de la nieve traidora. Proyectada hacia el regreso, cúbreme
con una mortaja lila. Y luego cántame una canción de una
ternura sin precedentes, una canción que no diga de la vida ni de
la muerte sino de gestos levísimos como el más imperceptible
ademán de aquiescencia , una canción que sea menos que una
canción, una canción como un dibujo que representa una pequeña
casa debajo de un sol al que le faltan algunos rayos; allí ha de
poder vivir la muñequita de papel verde, celeste y rojo; allí
se ha de poder erguir y tal vez andar en su casita dibujada sobre una página
en blanco.